
El presidente de Caixabank, Jordi Gual, ha arremetido hoy contra los populismos, de los que ha dicho que son una amenaza para el progreso económico y llegan a poner en peligro las democracias. En su discurso de apertura del XVIII Congreso de Directivos que se celebra en Málaga, el ejecutivo catalán ha calificado a los populismos como «el triunfo de la emoción sobre la razón» y ha destacado que «explotan los conflictos de autoestima a capas de la población» y ofrecen «respuestas aislacionistas y generan identidades artificiales».
«Nos ha tocado vivir una enorme época de cambio en nuestra sociedad, con transformaciones que están provocando desasosiego, miedo… Se ha puesto en entredicho el sistema actual y eso lo han aprovechado los extremismos», ha añadido. A su juicio, esos populismos tienen consecuencias negativas con lo que sucede en el seno de los países, «crean fragmentación y ponen en cuestión nuestros sistemas de democracias liberales y la economía social».
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En la mente de los más de 1.400 asistentes rondaba el caso catalán que Gual vive de cerca. Sin embargo, en ningún momento se refirió a dicho conflicto. «Esto ocurre en los países en desarrollo, con liderazgos populistas, pero también en los países desarrollados», ha dicho. «De hecho, en Europa las secuelas de la Gran Crisis Financiera fueron especialmente severas. Así, las tensiones en el seno de algunos países han dado lugar al Brexit y a la aparición de líderes populistas en otros países, como es el caso de Italia. Como nota positiva, cabe pensar que la solidez de las instituciones en los países desarrollados, puede actuar de dique de contención, como hemos visto en Francia y en Italia; y más recientemente en los EE UU», ha ampliado.
«Los liderazgos de carácter populista tienen implicaciones económicas en las relaciones entre países. Estos movimientos suelen favorecer la fragmentación económica, el establecimiento de barreras al comercio, a la inmigración y a las inversiones, favoreciendo, por tanto, la balcanización del mundo», ha enfatizado para añadir que, además, debilita las instituciones y promueve la pérdida de legitimidad del orden establecido.
Además de los extremismos políticos, Gual ha destacado los grandes retos sociales, tecnológicos y económicos como la digitalización y el cambio climático. Ante eso, ha apelado al compromiso de las empresas de involucrarse en la lucha contra dichos desafíos. A su juicio, impactan en la estrategia de las empresas. Y se ha preguntado cuál es el papel del mundo empresarial en este reto. «Como dirigentes empresariales tenemos una responsabilidad y un compromiso con la sociedad, no nos podemos quedar al margen. Nos encontramos en un momento en el que la legitimidad del sistema está en juego y hemos de contribuir a su sostenimiento. Nuestra misión es contribuir al progreso de toda la sociedad y al beneficio financiero de nuestros clientes. Pero las empresas deben ir más allá de la rentabilidad, el objetivo es apoyar a la sociedad y la rentabilidad será el resultado indirecto», se ha contestado. El mensaje de Gual coincide con el que recientemente también hizo la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, de poner la función social de las compañías por delante de la obtención de beneficios.
El presidente de la entidad financiera ha añadido a todo eso que las empresas deben de huir del cortoplacismo, porque tiende a ser perjudicial. «No se invierten en tecnología ni en nuevos productos; mientras las orientadas a largo plazo favorecen el modelo productivo y tienden a tener más beneficios y dar retorno a los accionistas», ha concluido.
Garamendi pide diálogo
El presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi, por su parte, ha vuelto a insistir en la necesidad de que, uma vez se celebren las elecciones, los grupos políticos «se sienten en una mesa y empiecen a hablar de los temas que les une y no de lo que les separan», en referencia a las reformas como las pensiones o la educativa, en la que reclamó la formación dual.
El líder empresarial ha afirmado que es el «momento clave, va a ser el arranque para que las cosas vayan bien» y se ha detenido en la importancia de que se potencie la industria como motor de la actividad general. Además, ha llamado la atención sobre la política fiscal. «Cuidado con los impuestos», ha dicho en referencia clara a la posibilidad de que se realicen aumentos cuando la patronal pide lo contrario. «Las empresas, a parte de facturar, nos dedicamos a gestionar y el Gobierno debe ayudar a ello», ha completado al tiempo que ha recordado dos problemas de la economía española: la sumergida, que alcanza el 22%, y el absentismo.
También ha incidido, como Gual, en el papel de la empresa y, en ese punto, ha pedido que se ponga en valor desde la escuela, que no se traslade la imagen de hombre malvado que se da al empresario en las series televisivas e incluso de dibujos animados. «Tenemos la obligación de ser optimistas, no me valen los que dicen que todo va de maravilla ni los que dicen que todo va mal», ha sentenciado.
Fuente: El País